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Archivo para la categoría ‘Brecha-digital’

Tecnologías de la información y brecha digital

Viernes, 10 de Julio de 2009

Últimamente tuve algunas pláticas con amigos sobre el uso de internet como medio de publicación y divulgación. En éstas me he dado cuenta que muchos de ellos no ubican algunos de los pros y se preocupan principalmente en los contras. Lo que me ha llevado a pensar en cómo se están generando las relaciones entre las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y nuestro entorno socio‑cultural. Tema que indiscutiblemente se relaciona con el concepto de brecha digital, que en Latinoamérica es muy marcada. Entonces, si queremos utilizar las TIC, en proyectos sociales y de distribución de la información, debemos encontrar el modo de que el uso de la tecnología se dé más allá de simplemente tener una computadora y conexión a internet.

Por otro lado, es importante resaltar que en estas latitudes es muy poco el desarrollo de innovaciones tecnológicas, tanto en software como en hardware. Lo cual nos plantea como consumidores y, por lo tanto, pagamos altos precios por el acceso a tecnología de punta. En este aspecto vemos que las otras brechas, educativas y económicas, se interrelacionan junto con el ámbito tecnológico, lo que da por resultado un panorama muy elaborado para salvar dichos atrasos. Ya que éstos no se solventan solamente con el equipo necesario para conectarse, sino que además se necesita la capacitación de los usuarios para que puedan explotar debidamente dichas herramientas. Muchos opinan que esta tarea debe realizarse desde el gobierno, pero como hemos visto en diferentes proyectos, las propuestas se centran en la adquisición del equipo. Ejemplo de esto es cuando uno observa el uso que los profesores hacen de Enciclomedia, el proyecto tecnológico del sexenio pasado, ya que no todos los profesores no logran relacionarse adecuadamente con el hardware y software del proyecto. Ahora bien, si planteamos esta situación en zonas rurales donde existen niveles muy bajos de educación, entonces aunque tengan acceso a las computadoras, los beneficios de éstas quedan descontextualizados respecto a la situación
socio-económica de los usuarios.

Por lo mismo, desde mi punto de vista, es necesario implementar programas de integración tecnológica adaptados a las necesidades específicas de las diferentes comunidades que integran el país. Es claro que actualmente se comienza a utilizar el web 2.0 para proyectos sociales, en donde una comunidad interactúa en un portal para mejorar su inter-comunicación y así encontrar las necesidades en conjunto. Como es el caso de las noticias hiperlocales. Por lo tanto, este tipo de proyectos pueden beneficiar considerablemente a comunidades que, dada su situación geográfica, se encuentran incomunicadas, en mayor o menor medida. Otro aspecto importante es la necesidad de estos usuarios para acceder a contenidos culturalmente adecuados para su contexto. Datos de la consultora NIC señalan que entre 1992 y 2008, el número de sitios mexicanos en internet pasó de 19 mil a casi 200 mil, en la misma medida el número de cibernautas pasó de 2 millones a 27 millones. Sin embargo, el mayor porcentaje de contenido en internet se encuentra en inglés y eso conlleva usuarios bilingües. Asimismo, generalmente sucede que las comunidades receptoras, de estos procesos de integración tecnológica, pocas veces son tomadas en cuenta, afectando considerablemente la sustentabilidad a largo plazo de los proyectos de esta naturaleza. De tal modo, que se necesita una fuerte interacción entre los usuarios posibles de estos programas gubernamentales y los funcionarios encargados de los mismos, para que así se obtengan mayores beneficios sociales y económicos:

En este sentido, algunos autores plantean que las TICs deberían proporcionar un espacio de encuentro de una nueva esfera pública, donde la sociedad civil pueda definirse y comprenderse en su diversidad y donde las estructuras políticas estén sujetas al debate público y sean evaluadas por sus acciones, garantizando la participación de las categorías más excluidas a través de perspectivas de género, regionales y sociales (Wikipedia).

Asimismo, la situación económica de gran mayoría de la población en México y Latinoamérica hace que el adquirir una computadora y una conexión a internet no sea algo absolutamente necesario; primero se tienen que medio cubrir las necesidades básicas. Por lo mismo, vemos que el acceso a internet, y ya no digamos a una conexión de banda ancha, está francamente restringido por nuestra situación económica. En México existen 109,955,400 habitantes y de ellos 27,400,000 son usuarios de Internet.

Pero estos datos no son alentadores, del total de conexiones, casi el 60% corresponde a entidades de gobierno locales y federales así como empresas. El resto son conexiones privadas, pero se calcula que solamente una quinta parte de los mexicanos se conecta a internet con una computadora instalada en su casa (OnceTV México).

Por lo mismo, los proyectos de integración tecnológica deben contar, a mi entender, con capacitadores enlace que trabajen con las comunidades. De esta forma, los enlaces deberán darle cauce a las necesidades de la comunidad y plantear los usos y las herramientas necesarios para satisfacerlas. Asimismo, deberá proporcionar los conocimientos necesarios para que las propias comunidades generen contenidos relacionados con su entorno. Logrando de esta manera que la brecha de contenidos se vaya reduciendo. Esta medida proporciona una contextualización de las TIC dentro del ámbito socio-económico de las comunidades a enlazar y además promueve la generación de contenidos adecuados para las múltiples zonas geográficas del país. Con lo cual se logra una mejor interacción entre las comunidades y las oficinas gubernamentales a cargo de los proyectos, proporcionando una mayor sustentabilidad de los proyectos. Dado que su desarrollo se basa en la satisfacción de necesidades específicas.

Reconocimiento en papel (I)

Lunes, 22 de Junio de 2009

El tema me viene a la mente después de recordar cómo, a finales del 2008, teníamos que entregar lo que habíamos hecho durante el año. Entre las cosas que entregamos había un catálogo en XML con especificaciones de SCORM de 640 libros digitalizados. La locura llegó cuando, después de entregar un DVD con el catálogo, un administrativo nos pidió que mejor lo imprimiéramos. Cinco juegos. Nosotros nos preguntábamos, ¿para qué? Solo una computadora puede leer eso de un modo útil, casi todo es código y son más de mil páginas por juego. La respuesta era sencilla: burocracia. Entregarles solo un DVD, según nos dijeron después, no justificaba el precio que habían pagado por el catálogo. Todo ese episodio fue ridículo, claro, pero el problema de fondo es que la impresión en papel sí justificaba nuestro trabajo, además del volumen, y no el trabajo mismo aunque su destino fuera absolutamente digital.

Días después, hablando del asunto con un amigo académico, que recibe apoyo de los programas mexicanos de estímulos a la investigación, me enteré que dichos programas no reconocen las publicaciones electrónicas como trabajo académico y además, como parte de su entrega anual, deben presentar una copia de cada publicación que realizan. Evidentemente en su caso se puede argumentar que las publicaciones digitales no tienen todavía tras de sí el sistema de revisión, dictaminación y validación que es necesario en el trabajo académico. Pero, no pude evitar preguntarle, si esas investigaciones son financiadas con dinero público ¿no deberían estar disponibles en línea de manera abierta o por lo menos contar con un catálogo de los títulos para fomentar su desarrollo y el intercambio de información? No existe tal cosa, ni catálogo ni publicaciones en acceso abierto y, por otro lado, se ve claramente que en México las publicaciones electrónicas, y lo digital en general, pertenecen todavía al reino de la ciencia ficción y que la educación en su conjunto no apoya ni entiende todavía el uso educativo de la red. Al final, me queda claro, adoptaremos tardíamente el sistema que se imponga en Estados Unidos para las publicaciones digitales y no participaremos en su desarrollo, más que al momento de adaptarnos a los requerimientos que establezca.

Brecha digital vs. potencial desarrollo digital

Viernes, 10 de Abril de 2009

Al realizar una encuesta, sobre la capacidad de la gente para crear archivos PDF, me di cuenta que en México, y asumo que una buena parte de Latinoamérica, se tienen retos interesantes respecto a la utilización de los medios digitales en nuevas formas de comunicación. El analfabetismo computacional y la considerable brecha digital que subsiste en nuestros países se combinan para frenar el desarrollo de nuevas iniciativas digitales que mejoren la difusión y comunicación de las culturas latinoamericanas en Internet. Existen proyectos muy vanguardistas en nuestras latitudes, sin embargo llegan a terreno estéril cuando se enfrentan a la poca difusión, uso y retroalimentación que reciben de los usuarios. Bueno, pero por ahora empezaré por el principio de estas reflexiones.

Hace un tiempo utilicé miencuesta de Facebook y twtpoll de Twitter,  para realizar una encuesta en línea respecto a la utilización de los archivos PDF. Intentaba discernir un poco la relación entre los usuarios y un formato tan común. Puesto que en varias ocasiones he visto como amigos y conocidos, que representan al usuario común –aquel que solamente utiliza su computadora para navegar en internet y con suites de programas para oficina, se enfrentaban, por cuestiones institucionales, a la creación de un documento PDF y no sabían cómo hacerlo. Me pareció extraño que un formato tan difundido en todo tipo de ambientes –laboral, escolar y casero– presentará tal complicación para generarlo. Lo cual me llevó a recordar la primera vez que tuve que crear un archivo PDF y visualicé perfectamente la investigación que entrañó descubrir cómo hacerlo, así como la sorpresa que sentí al darme cuenta que Adobe Reader no servía para eso. Bueno, de regreso al escenario específico que me encontré respecto a la necesidad de crear PDFs: la Universidad Nacional Autónoma de México pide, como parte del trámite de titulación, una copia digital de la tesis en este formato. Lo cual ha producido un mercado específico para los impresores de tesis y cafés internet que rodean la ciudad universitaria de la ciudad de México: ahora cobran el servicio de generación de los archivos PDF que se solicitan para la titulación. Cabe resaltar que dichos archivos son destinados al catálogo digital de las tesis –tesiunam– que puede ser consultado en línea por cualquier persona, lo cual es un excelente esfuerzo para difundir el trabajo realizado en la UNAM. Sin embargo, también hay que puntualizar que desde el momento que los estudiantes recurren a un servicio de paga, para generar un archivo PDF, existe un bache en el uso de un archivo propietario. Lo cual en general ya se sabe…

Por otro lado, la encuesta que publiqué fue de mucha ayuda, pero no porque haya sacado información relevante respecto a la capacidad de los usuarios para crear archivos PDF. Sino para visualizar la necesidad de establecer una estrategia digital muy bien enfocada que me permita llegar a los usuarios comunes que me interesaba abordar o, bien, habría tenido que hacer dichas encuestas por medios tradicionales. Puesto que fue claro que, con el medio escogido, enfoqué mi encuesta a usuarios de computadora más avanzados. Lo cual me llevó a pensar en el llamado analfabetismo computacional y sus relaciones con la brecha digital en México.

Actualmente colaboro en un proyecto de investigación en la UNAM y, por lo tanto, convivo con muchos investigadores en humanidades. Me he dado cuenta que a muy pocos, pero muy pocos, les interesa el desarrollo del internet como medio de difusión del conocimiento. En general son renuentes a la comprensión de este medio e incluso lo ven como un peligro. Si bien existe un cause que por inercia jala a los usuarios a las nuevas relaciones que, cada día, se producen en internet, pero lamentablemente dicha corriente depende de las formas que lleguen al mainstream mundial. Lo cual nos habla de un analfabetismo computacional en todos los niveles educativos. No es suficiente tener una computadora, sino utilizarla más allá de una simple máquina avanzada de escribir. La colaboración e intercambio de información podría fluir de maneras asombrosamente rápidas y efectivas en los medios académicos de nuestros países, cosa que no sucede. Esto es solamente en un ámbito muy reducido de la población. Por último, los porcentajes de población en Latinoamérica que tienen acceso a una computadora, y más aún a una conexión a internet, son muy bajos. Lo cual circunscribe crecidamente el desarrollo de nuevas estrategias de comunicación que se adecuen a nuestra cultura. Considero que no sólo es suficiente importar o implementar tecnologías muy avanzadas, sino que debemos –justo como me sucedió con una simple encuesta– adecuar la usabilidad de dichas tecnologías para que sean aprovechables por cada vez mayor población y, a su vez, más coherentes con los usos y costumbres de nuestras latitudes. Lo cual, para mí, es parte importante para la generación y aplicación de nuevos proyectos en cualquier lugar del mundo.