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Viernes, 24 de Abril de 2009
Hace poco hablaba con un amigo sobre las posibilidades de la e-ink. Le comentaba los beneficios que tendría usar un e-reader portable como el de Plastic Logic. El respondía entre interesado y escéptico que sería interesante, sobre todo para los estudiantes. Yo me acordé de todos esos libros que tenía que cargar en la universidad y los todavía más bultosos libros que cargaba en la secundaría. Al final llegamos a una plática sobre las cosas futuristas hace poco tiempo que nos parecían lejanas y ahora las encontramos a la venta o en desarrollo. Me quedé con la idea rondando mi cabeza varios días y pues me puse a buscar cosas tecnológicas que me parecieran prometedoras… Yo siempre he sido fan de los robots y desde hace tiempo creo que el desarrollo de los mismos ha sido impresionante. Precisamente en esa área es donde entra este post: la visualización de distintas propuestas para el desarrollo de los robots para que puedan interactuar con nosotros y con el medio.
De lo primero que me acorde fue del robot humanoide Asimo de Honda que puede caminar y desenvolverse muy bien bípedamente. Para todos es conocido que uno de los retos era lograr que una máquina bípeda pudiera desenvolverse fluidamente, dada la complejidad de conocimiento que requiere para equilibrar su masa corporal. Ahora me he encontrado que las capacidades del humanoide Asimo se potencializan y están generando una verdadera inteligencia artificial. Lo que me lleva a preguntarme si, dada la relación del proyecto con el escritor Isaac Asimov y su literatura sobre robots, este humanoide contara en su firmware con las tres leyes de la robótica hechas por el escritor:
- Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
- Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
- Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
No obstante, también me parecen muy importantes en el desarrollo robótico todos aquellos estudios basados en seres vivientes, como son los robots que imitan insectos –hormigas, arañas, entre otros. En este ámbito lo importante ha sido entender el funcionamiento de la naturaleza. Puesto que de ella hemos aprendido que el desarrollo de los seres vivos se basa en “el máximo rendimiento con el menor uso de energía”. Al respecto tenemos desarrollos impresionantes en la robótica. Como el que utiliza una serie de servos para copiar el movimiento de una hormiga. Por otro lado, he visto algunos videos de Festo, empresa que se dedica a la automatización robótica para empresas, en los que presentan los proyectos, en los que también utilizan servos, relacionados con aspectos biónicos que están desarrollando. Tienen cosas increíbles sobre robots que nadan y vuelan, entre otros.
Por ahora estos tres proyectos son los que más me han impactado. Uno puede echar a volar la imaginación y relacionar cada una de estas tecnologías con todo lo demás que se está produciendo y prácticamente podríamos convivir con robots de todos los tipos en muy poco tiempo. Qué posibilidades se imaginan o cuales son sus propias visiones.
Lunes, 20 de Abril de 2009
Ya lo había pensado antes, cuando leí la novela El hombre en el castillo de Philip K. Dick, pero ahora lo volví a pensar mientras revisaba el artículo de Rubén Gallo Meditaciones sobre el ipod en la revista Letras Libres (que normalmente ya no leo) y quedé convencido que o lo había pagado Apple o, por lo menos, el nombre debería ser otro.
En la novela, las fuerzas del Eje han vencido en la Segunda Guerra Mundial y quince años después del final de la contienda el territorio de los Estados Unidos ha sido dividido, ocupado en la costa Este fuerzas alemanas y en la costa Oeste fuerzas japonesas. Para las fuerzas japonesas de ocupación los americanos son ciudadanos de segunda clase, aunque admiran y coleccionan artesanías y restos de su antigua cultura. Conforme transcurre la historia, Dick describe unas artesanías nuevas y originales frente a las múltiples falsificaciones de antigüedades que corren en el mercado negro. En un momento, el Embajador japonés, tras comprar una de estas nuevas y prometedoras piezas, se sienta en un parque a contemplarla y descubre su verdadero valor. En una profunda revelación, distingue la singularidad de la pequeña joya de metal, se vuelve un símbolo de su interior y modifica su humor. Lo lleva de la pesadilla a la esperanza en un momento, lo lleva de la falsificación del tiempo a un reflejo de la realidad. Ve por un momento cómo pudo ser el mundo si la guerra no la hubieran ganado los japoneses y alemanes. Es un tema recurrente de la novela, un juego de reproducciones y espejos que critica la idea de realidad. Estas artesanías son un amuleto-signo de los tiempos. Abren la posibilidad de un tiempo distinto pero reflejan el momento. Según el propio Dick, la novela fue producida siguiendo los designios de los hexagramas del i-Ching, el libro de las mutaciones. Dentro de la historia hay un libro similar a la novela de Dick, también construido con el oráculo chino, sobre qué hubiera pasado si los Aliados hubieran ganado la guerra.
Al llegar a este punto, no me quedó otra opción que levantar la vista de las páginas y observar atentamente todo a mí alrededor buscando una señal. Me reí y seguí leyendo. Pero la sensación de incomodidad no desapareció totalmente hasta que terminé la lectura. Antes de dejar el libro en la mesa de noche, dispuesto a dormir, tomé mi iPod para apagarlo y me quedé observándolo. Por el frente es negro y opaco y la parte de atrás es metálica y brillante. Inmediatamente lo relacioné con los amuletos de la novela. La reflexión del señor Tagomi, el Embajador japonés, sobre cómo el metal viene del sombrío fondo de la tierra y al salir se vuelve luminoso al reflejar la luz. El ying y el yang. Leí la pequeña leyenda: Designed in California Assembled in China. Me quedé mudo. Seguramente estos aparatos son el signo de los tiempos. Recordé a una compañera del trabajo que me contó cómo le hacía preguntas a su iPod y este le respondía poniendo canciones. Era un juego, claro, pero agudizó la sensación de semejanza. Fue inevitable pensar que yo llenaba aquella pieza de tecnología con la música que había configurado una parte de mi vida y que de algún modo me respondía solo a mí. Una selección diseñada especialmente por mí para mí, aunque al mismo tiempo me conectara indirectamente con el resto del mundo. Pero, sus mejores características: me aísla perfectamente mientras recorro la ciudad y me hace pasar por un catálogo impresionante de sensaciones de las que puedo escapar rápidamente. Me lleva de la pesadilla a la esperanza en un momento, de la falsificación del tiempo a un reflejo de la realidad. Estoy seguro que pensé: un signo de la falsificación de los tiempos, antes de quedarme profundamente dormido.